1.2.2.2. Kevin Lynch / “Echar a perder” e “Imagen de Ciudad”

Los trabajos más importantes de Lynch,  que de alguna manera dieron una nueva cara al diseño urbano están basados en el estudio de la percepción de la ciudad por sus habitantes.

Durante los años cincuenta, se dedicó al desarrollo de mapas en base a información cognitiva de las ciudades, estructurando una imagen distinta de las clásicas herramientas de diseño y planificación. Así, da luces de un tema trascendental.

Respecto del aporte de este método de descripción e identificación fisionómica, es importante, por un lado este nuevo entendimiento de la ciudad en base a la percepción de los ocupantes de un espacio.


Y por otro lado se inicia un nuevo modo de aplicar los principios de análisis ambiental  y del conocimiento del paisaje urbano, basados en elementos definidos en el ámbito físico pero también inmaterial, como son sendas, barrios, bordes, nodos e hitos.

Respecto del tema principal que nos convoca, de los espacios residuales en la ciudad se hará referencia al desarrollo de un trabajo del urbanista que fue publicado en forma póstuma. El libro “Echar a perder” entrega un punto de vista similar respecto a la revaloración de los residuos territoriales.

En cuanto a la denominación que se puede hacer de los residuos no se puede olvidar que los desechos nos afectan profundamente  en  todos  los  ámbitos   del desarrollo humano. Amenazando la salud, el confort cotidiano, además de la comodidad sensitiva e intelectual del hombre, es decir, afecta directamente nuestra propia subsistencia. Pero al mismo tiempo el deterioro y la desolación son parte importante de la vida y su sentido cíclico.

En este sentido Lynch también se introduce en la significación de los espacios olvidados de la ciudad. Estos lugares que van desde la naturaleza salvaje sindicada como inútil e incoherente dentro de la ciudad, pasando por todo tipo de espacios baldíos llenos de desechos, hasta las periferias urbanas contemporáneas no consolidadas; se miran principalmente como causa de las enfermedades o patologías urbanas y humanas. Y además se asocian a un desperdicio económico y  gastos insensatos.

En este punto es donde Lynch da el paso hacia la valoración de los residuos territoriales.

Por un lado hace referencias anecdóticas de las situaciones de la puesta en valor de los desechos donde estos adquieren un gran valor, como algunas socie¬dades los transforman en lugares de culto o generadores de identidad predominantes de un espacio físico- temporal.

Además se plantea que el hombre se interesa por las ruinas, por los lugares que parecen moribundos, por la ten¬dencia a “ser criaturas fabricantes de estructu¬ras”. Esta visión antropocéntrica y alejada de la perspectiva del aprovechamiento de la “sabiduría de la naturaleza”, solo privilegiando la inteligencia humana, no es mal pie para las ideas revalorativas y de generación de un sistema de gestión de estos espacios y con la posibilidad de poder reactivarlos.
En este mismo sentido también se destaca la visión de la búsqueda in¬consciente que tenemos, de la reinserción en la estructura urbana de estos lugares, como potencial material de proyecto para ser nuevamente parte de un tejido urbano, en el sentido no tradicional.

El principal eje de esta puesta en valor para Lynch desde el punto de vista perceptual y cognitivo relacionado con su trabajo anterior, está en favor del uso de los espacios deteriorados y abandonados para lo que denomina la “acción libre”, en el sentido del desarrollo en base a la imaginación y la flexibilidad de las acciones del hombre en base al territorio como un “papel en blanco” y así además agrega el comentario que este uso es una práctica sencilla para los niños y con poca permeabilidad hacia el mundo de los adultos.

“Muchos lugares degradados tienen esta atracción ruinosa: liberación del control, juego libre para la acción y la fantasía, ricas y varia¬das sensaciones, así que los niños se ven atraí¬dos por solares vacíos, bosque con maleza, callejones traseros o laderas no frecuentadas. Wallace Stenger relata la belleza, la miseria y el dolor en lo que encontró en el vertedero ru¬ral de su niñez…” (Lynch, 2005).

La metáfora más clara que recorre los distintos tópicos del trabajo del urbanista es la del vertedero bien administrado, como posibilidad de un espacio que a pesar de ser un “desecho” de uso de suelo tiene el carácter de ser una ruina consolidada con una atracción intrínseca.

Para terminar concluirá que la búsqueda de los residuos territoriales, como espacios de caos fuera del tejido urbano o territorio ordenado, presentando la intención de apropiación necesaria, y que están necesariamente asociadas a las decisiones de la planificación urbana, ya sea en favor del desarrollo de diversidad o no. Y como principal tesis respecto de esta entrega a la ciudad de la revaloración de estos lugares. Según Lynch, “es el respeto de su carácter irresoluto y de libertad.”

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